Tuve la oportunidad o mejor dicho, la “suerte” de acudir al pasado premio de Fórmula 1 disputado en Valencia…digo la suerte porque el día anterior a la carrera, es decir, el sábado, me ofrecieron una entrada “gratis” para asistir, que consistía en una pulsera tipo “hotel”. Mi suerte no quedó ahí ya que al día siguiente, el domingo de la carrera me recogió un autobus igualmente gratuito para llevarme a mí, y a otros privilegiados como yo hasta nuestro “asiento”. Recorrimos un buen tramo hasta llegar al lugar donde debía “bajarnos” el autobús, entramos enseñando la pulsera y pregunté donde debía dirigirme y me señalaron un barco, amarrado enfrente del puente “famoso” del circuito.
Yo no daba crédito a lo que me estaba sucediendo, una vez a bordo, buffet libre y barra libre, viva la libertad!!! dije yo.
Puntualmente empezó la carrera y desde mi posición en cubierta, me daba tiempo a contar apenas 5 segundos lo que podía ver a un “piloto” pasar, abajo, en una cafetería, se podía disfrutar de 2 televisores impresionantes desde donde seguir la carrera y con la barra a tu entera disposición.
Al regresar a casa, no pude dejar de pensar en toda esa gente desplazada desde infinidad de lugares para ver a un “piloto” pasar durante 5 segundos, dejarse un dineral en la entrada, tener un asiento incomodísimo, comer y beber que no debía ser barato, para cinco segundos…una vez en la vida, vale, pero yo si vuelvo, será si me invitan otra vez al mismo sitio o al barco de Briatore.